lunes, 5 de septiembre de 2016

Cielo del mes de septiembre. Latitud 42º Astrosomontano, Agrupación Astronómica de Huesca

Descripción del cielo del mes de septiembre. Contelaciones, Lunas del mes, mitología y mucho más.


PRÓXIMA B, COMIENZA LA EXPLORACIÓN INTERESTELAR

Hasta ahora nuestro planeta es el único mundo conocido que alberga vida. Desde los lugares con climas más extremos hasta las profundidades del océano, la naturaleza siempre demuestra su gran poder de adaptación y propagación. Existen chimeneas volcánicas en los suelos oceánicos rodeadas de agua extremadamente fría, privados de luz y a una altísima presión, donde viven bacterias gracias al calor y los gases que emanan; animales como la almeja de Islandia, que puede llegar a superar los 400 años de vida; medusas (como la Turritopsis dohrnil) que no mueren de forma natural, o lo que es lo mismo, son inmortales. Los tardígrados por ejemplo son unos microorganismos invertebrados, también llamados osos de agua, que son capaces de sobrevivir en las condiciones más extremas. Soportan presiones de 6000 atmósferas, temperaturas desde -200º hasta 150 ºC, pueden estar 10 años privados de agua y son el único organismo vivo conocido capaz de sobrevivir en el vacío del espacio. En 2013 el microbiólogo británico Milton Wainwright, junto a un grupo de científicos de la universidad de Sheffield, descubrieron mediante un globo atmosférico, unos microorganismos a 27.000 metros de altura justo después del máximo de las Perseidas. La conclusión a la que llegaron es que, dado su tamaño, no podían proceder de nuestro planeta, por lo tanto, su origen debía de ser forzosamente extraterrestre.

ESO/M. Kornmesser
            Tenemos una privilegiada posición en nuestro Sistema Solar, justo en la mitad de la zona habitable. La Tierra posee un campo magnético que la protege de las peligrosas radiaciones solares y cósmicas. Tenemos también la cantidad suficiente de agua líquida como para que se genere un complejo sistema climático y un ciclo del agua, sin el cual no sería posible tanta diversidad. Es además un planeta «vivo», en constante transformación y movimiento tectónico, y con historia suficiente como para haber desarrollado vida inteligente. Pero a pesar de poblar un planeta tan inmensamente rico como el que usted pisa mientras lee este artículo, desde tiempos inmemoriales estos animales tan curiosos llamados seres humanos han querido ir un paso más allá.
            A día de hoy nos encontramos especialmente interesados en la búsqueda de vida extraterrestre, pues tras diversos estudios se ha concluido que un astro no ha de estar necesariamente en la zona habitable para albergar vida. En nuestro sistema solar por ejemplo se está haciendo especial énfasis cuatro puntos concretos: el planeta Marte, las lunas Encelado y Titán de Saturno, y Europa, perteneciente a Júpiter. Cabe destacar que solo Marte está situado en la zona habitable de nuestro Sistema Solar, pero la intensa actividad interna de las lunas de los gigantes gaseosos hace pensar que puedan existir zonas de agua líquida bajo su superficie helada, permitiendo el desarrollo de ciertos organismos. Desde el descubrimiento del primer planeta exterior al Sistema Solar en 1995 y los posteriores estudios del telescopio espacial Kepler, que descubrieron literalmente miles de exoplanetas más, nuestros horizontes se han ampliado de una forma que no esperábamos. La conclusión es que la mayoría de estrellas, especialmente las enanas rojas, tienen planetas y muchos de ellos están en la zona habitable. Se calcula que el 73% de las estrellas de nuestra galaxia son enanas rojas, y la gran mayoría de ellas tienen planetas rocosos. Hablando en números, solo en nuestra galaxia podría haber 60.000 millones de mundos potencialmente habitables, y que podrían albergar vida. Una de esas pequeñas estrellas rojas es nuestra vecina más cercana, Próxima Centauri, tan tenue que no se ve a simple vista, y solo mediante telescopios de cierta potencia puede vislumbrarse un minúsculo punto rojo. Este pálido punto rojo se ha convertido recientemente en el centro de atención de todo el mundo. Próxima Centauri está orbitada por un planeta de tipo terrestre, en la zona habitable y de un tamaño ligeramente superior al nuestro, llamado Próxima b.
            Puede parecer algo sencillo, pues los medios de comunicación nos vomitan la información a medias. Incluso podría parecer que una «nave» haya ido a hacerle una foto, o que cualquiera con su telescopio casero podría ver dicho planeta. Nada más lejos de la realidad. La tecnología empleada para el descubrimiento de exoplanetas es la misma que hace 20 años, y ésta es la espectrografía.
            Mediante la espectrografía se pueden descubrir pequeñísimas variaciones en el brillo de una estrella, causados por el tirón gravitatorio que puede generarle un planeta. Debido al efecto Doppler la estrella sufre un corrimiento al rojo y al azul causado por el bamboleo. Gracias al extremadamente preciso espectrógrafo H.A.R.P.S. (High Accuracy Radial velocity Planet Searcher) del European Southern Observatory situado en Chile, se han podido observar estas variaciones periódicamente y descubrir, sin ningún tipo de duda, la existencia de este planeta, al que se ha bautizado como Próxima b.  
            Como hemos dicho antes, Próxima Centauri es una enana roja situada a 4,22 años luz de la Tierra, posiblemente pertenezca a un sistema estelar triple junto a Alfa Centauri A y B, aunque esto está por confirmar. Su masa es un octavo la del Sol y su radio un séptimo, lo que la hace mucho más pequeña (es algo más grande que el planeta Júpiter), pero su densidad es 40 veces mayor. Su radiación en todo el espectro electromagnético es extremadamente baja, un 0,17% la del Sol, y cae todavía más en lo referente a luz visible, un 0,0056%. Es además una estrella fulgurante, es decir, que sufre aumentos bruscos e impredecibles en su brillo y en su radiación en todo el espectro, lo que la hace peligrosa en sus proximidades.
            El descubrimiento de Próxima b orbitando esta estrella ha despertado la imaginación de todo el mundo. Se trata de un planeta 1,3 veces más masivo que La Tierra, está situado a 7,5 millones de km de la superficie de la estrella por lo tanto está en la zona habitable; se calcula que su temperatura media rondaría los 40 grados (aunque esto depende de muchos factores como la existencia o no de atmósfera y su composición), lo que permitiría la existencia de agua líquida; y que tarda en completar una órbita 11,2 días. No presenta inclinación de su eje respecto a la órbita. Dada su proximidad a la estrella, Próxima b recibe 30 veces más radiación ultravioleta que La Tierra y 250 veces más rayos X. De no tener una atmósfera adecuada y un campo magnético fuerte su superficie será un árido desierto infértil por la radiación. Según los cálculos realizados por resonancias gravitatorias puede presentar dos tipos de rotación: una mostrando siempre la misma cara a la estrella, lo cual supondría un hemisferio muy caliente y otro muy frío; y otra en relación 3:2 (3 rotaciones por cada 2 traslaciones), que suavizaría un poco más la temperatura media del planeta entero. Presentándose el primer tipo de rotación no existirían estaciones del año y harían falta como mínimo 0,6 veces la masa de agua terrestre para que ésta siempre estuviera líquida. Por debajo de dicho límite toda el agua estaría congelada en el hemisferio nocturno, creando unos muros de hielo en la zona de penumbra que recordarían a los de Juego de Tronos. Además, hay que considerar la posibilidad de que la alta actividad de su estrella en su etapa inicial haya evaporado la mayor parte del agua.
            Todo esto ha sido gracias a un gran equipo de científicos de todo el mundo liderados por el español Guillem Anglada-Escudé de 37 años de edad, profesor titular de la Universidad Queen Mary de Londres y astrofísico; y a la colaboración de diversos centros de todo el mundo: el European Southern Observatory de Chile, Las Cumbres Observatory Global Telescope Network en California, Space Observatory de San Pedro de Atacama o el BOOTES del Instituto Astrofísico de Andalucía; instituciones como la Universidad Queen Mary de Londres, el Instituto Astrofísico de Andalucía con el CSIC, la Universidad de Chile, Centro de Astrofísica de la Universidad do Porto, el Instituto de Astrofísica de la Universidad de Göttingen y la Universidad de Montpellier.
            El Dr. Guillem Anglada respondió muy amablemente a una cortísima entrevista sobre el descubrimiento: «La estrella comenzó a monitorizarse por otros grupos en 2000. Nosotros (yo y mi colega Mikko Tuomi), combinamos los datos adquiridos con dos surveys (HARPS y UVES) en 2012. Ahí es cuando la detección preliminar de la señal se detectó. Hemos estado trabajando en esto desde entonces». Respecto al arduo trabajo conjunto a nivel global Guillem tuvo la responsabilidad de liderar el equipo: «Organicé un poco de estructura con los líderes de cada observatorio. Yo manejé, coordiné y analicé los datos de HARPS, Cristina Rodriguez del IAA organizó el seguimiento con el telescopio ASH2, y Yiannis Tsappras (Heidelberg) organizó el seguimiento fotométrico con LCOGT». Cuando le preguntamos acerca de lo que supuso para el equipo la respuesta fue la siguiente: «Todos pusimos muchos esfuerzos. Esta no era una colaboración financiada explícitamente. La única recompensa era participar en el artículo si es que había algo a reportar. Todo el mundo puso muchas horas y trabajo rápido para tenerlo todo a punto para mandar a publicar en menos de un mes. Supongo que todos lo celebraron a su manera. ¡Nunca nos hemos reunido todos juntos en el mismo sitio!» Nuestra más sincera enhorabuena al Dr. Guillem Anglada y a todo el equipo que colaboró.
            Próxima Centauri ya era punto de mira desde principios del 2016 debido al proyecto Starshot, en el que participa Stephen Hawking y que pretende iniciar la era de los viajes interestelares. Consistiría en una flota de sondas minúsculas ancladas a unas gigantescas velas y que estarían impulsadas mediante láseres desde La Tierra. Esta suerte de ingenios parecidos a barcos veleros llegarían a un 20% de la velocidad de la luz, donde ya se notarían los efectos relativistas en lo referente al paso del tiempo. Para hacernos una idea de lo lejos que está hagamos una comparativa: con el proyecto Starshot se tardarían 20 años en llegar a Próxima Centauri, si usáramos la nave New Horizons que llegó a Plutón el tiempo empleado sería de casi 20.000 años y si viajásemos en el Apollo 11 que pisó la Luna por primera vez, nos costaría llegar nada menos que 202.000 años.
            Visto así ya no parece tan fácil... aún quedan muchísimas tecnologías por descubrir para poder llegar este nuevo mundo, sin embargo, es lógico pensar que se trate de nuestro primer destino en lo referente a viajes interestelares. Sea como sea ésta parece la primera misión que iniciará una generación, pero será la siguiente la que reciba los resultados. La búsqueda de vida extraterrestre sigue su curso y como decíamos al principio, la Tierra es por ahora el único mundo conocido. Si descubrimos vida en otros mundos resultará que ya no somos tan especiales y nuestro concepto de la misma cambiará radicalmente; nos daremos cuenta de que la vida podría ser la norma en el universo y que ésta aparece a la mínima oportunidad que tiene. Por otro lado, si realmente somos el único mundo con vida, o somos los primeros en aparecer en este aún joven universo, no puedo dejar de sentir una enorme responsabilidad. Tenemos la obligación de aprender a gestionar nuestra casa que llamamos Tierra, aprender a vivir todos unidos y en paz con un objetivo común, prosperar como especie inteligente que somos.



Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca.

lunes, 8 de agosto de 2016

El Cielo en Agosto Latitud 42º

Breve descripción de nuesrto cielo, astronomía, mitología, etc. Vídeo realizado por Astrosomontano. Sede de Agrupación Astronómica de Huesca en Barbastro.


JAMES CLERK MAXWELL, UN ANTES Y UN DESPUÉS.

JAMES CLERK MAXWELL, UN ANTES Y UN DESPUÉS.

         El primer interés científico de James Clerk Maxwell fue matemático: desarrollar un método para dibujar óvalos usando alfileres, hilos y un lápiz. Todos sabemos que para dibujar un círculo basta con atar un hilo a un alfiler, y en el otro extremo un lápiz. Si utilizamos dos alfileres unidos por un hilo, empujamos el lápiz hacia arriba y empezamos a hacer trazos manteniendo el hilo tenso en todo momento, dibujaremos una elipse. Los lugares donde se encuentran los alfileres reciben el nombre de focos de la elipse. Si acercamos los dos alfileres, la curva dibujada se parecerá cada vez más a una circunferencia, una figura que aparece cuando ambos alfileres se encuentran en el mismo lugar, y cuanto más los separamos más pronunciada se irá haciendo la forma ovalada.

            Maxwell, a muy temprana edad, estuvo explorando la manera de dibujar curvas con dos focos con alfileres, cordel y lápiz. Este divertimento matemático derivó en su primer artículo científico, que completó cuando aún no había cumplido los quince años. Al verlo, su padre decidió enviarlo a su amigo James D. Forbes, profesor de filosofía natural en la Universidad de Edimburgo. El artículo le llamó suficientemente la atención como para comentárselo a su colega matemático Philip Kelland y ambos buscaron en la biblioteca de la universidad si alguien había hecho algo similar antes. Y lo encontraron: René Descartes. La sorpresa que se llevaron fue mayúscula: el filósofo, físico y matemático francés había estudiado las curvas bifocales pero el método de dibujo del joven Maxwell era más sencillo, y sus resultados más generales. James había deducido que podía generar toda una familia de óvalos a partir de la siguiente ecuación: m·p + n·q = s, donde m y n son dos números enteros cualesquiera, p y q las distancias focales y s la longitud del cordel. En el caso de m=n=1 lo que se obtiene es la ecuación de una elipse. Maxwell no podía saberlo, pero en años posteriores su descubrimiento tuvo una gran influencia en el campo de la óptica y en el diseño de lentes. Este artículo fue leído por el propio Forbes (pues se consideraba que James Maxwell era demasiado joven para hacerlo) en la mismísima Royal Society de Londres, y recibido con gran atención y aprobación general.
            Así se iniciaba la carrera meteórica en el mundo científico de James Clerk Maxwell, posiblemente el científico más grande y más importante que ha conocido la humanidad, No en vano Albert Einstein escribió: «Una época científica terminó y otra comenzó con él». Su teoría electromagnética, resumida en las cuatro famosas leyes de Maxwell, se mantiene como uno de los pilares de nuestro conocimiento del universo. De hecho, la teoría de la relatividad surge en gran parte por la imposibilidad de reconciliar la teoría electromagnética de Maxwell con la mecánica de Newton. Y no solo eso, sino que la teoría electromagnética que formuló en su tratado «A treatise on electricity an magnetism» («Un tratado sobre la electricidad y el magnetismo») en 1873, ha resistido los profundos cambios y revoluciones que sufrió la física a lo largo del siglo XX. Hasta ese punto es una pieza fundamental en la comprensión del mundo que nos rodea, desde las escalas más pequeñas, el mundo de los átomos, hasta las más grandes, los cúmulos de galaxias. Sus ideas eran tan diferentes de lo que se había hecho hasta entonces que sus compañeros no sabían qué hacer con ellas e incluso sus amigos más fieles creían que se estaba recreando en una fantasía. Y no era para menos dado que veníamos de un pasado basado en las teorías de grandes hombres como Ampere, Huygens y el gran Michel Faraday, correctas pero parciales, y repentinamente se vio trascendido a un nuevo nivel con una sólida base matemática.
            James estaba diciendo que el espacio que rodea a las cargas eléctricas y los imanes no está vacío, sí que contiene algo que le aporta nuevas propiedades y cuyo efecto visible es la existencia de fuerzas eléctricas y magnéticas. Aún más, que cada vez que un imán vibra o cambia una corriente eléctrica, se genera una onda electromagnética (componente eléctrico y magnético) que se esparce por el espacio del mismo modo que lo hacen las olas en un estanque tras arrojar una piedra. Y lo más asombroso de todo: que esa onda es nada más y nada menos que la luz. De este modo y de un plumazo, Maxwell unificaba electricidad, magnetismo y luz. A partir de aquí se inició una nueva era en la ciencia en la que todavía nos encontramos a día de hoy, y su enfoque del problema del electromagnetismo se ha convertido en la manera en que los físicos estudian el resto de las fuerzas fundamentales de la naturaleza, y junto con su trabajo de la cinemática de los gases abrió las puertas a las dos grandes revoluciones científicas del siglo XX, la relatividad y la teoría cuántica.
            Solo esto bastaría para que su nombre apareciera con brillantes luces de neón en la historia de la ciencia. Sin embargo, Maxwell hizo mucho más. Fue el primero en establecer una teoría cuantitativa del color y explicó cómo se podía generar cualquier luz de cualquier color a partir de tres primarios: rojo, verde y azul (cosa que comprobamos todos los días al encender la televisión); a los 18 años presentó una teoría matemática sobre los sólidos elásticos, a partir de sus investigaciones con sólidos a presión y luz polarizada; hizo la primera fotografía en color de la historia junto a Thomas Shuton a partir de tres negativos rojo, azul y verde, demostró mediante complejos cálculos matemáticos que los anillos de Saturno no podían ser una masa maciza y que tenían que estar formados por millones de aerolitos que giraban a su alrededor; introdujo los métodos estadísticos en la física creando toda una nueva disciplina que recibe el nombre de física estadística, la cual se ocupa del estudio de la materia; puso las bases de la teoría cinética de los gases, que explica el comportamiento de un gas a partir del movimiento de las moléculas que lo componen, y relacionó la velocidad y la energía que transporta cada partícula con sus propiedades macroscópicas, como la temperatura y la presión; predijo la existencia del viento solar debido a la presión que ejerce el movimiento de la luz en su entorno; también colaboró con el diseño y fue el primer director del instituto Cavendish, del que han salido una gran cantidad de premios Nobel.
            James Clerk Maxwell creía en el progreso científico, la «aproximación a la verdad», como expresó en su lección inaugural en Cambridge al hacerse cargo del laboratorio Cavendish. Aunque su marcado sentido del deber le obligaba a aceptar las responsabilidades de los cargos que ocupó a lo largo de su vida, su verdadero compromiso lo tuvo con lo que siempre fue sin decirlo, un filósofo natural, un indagador emocionado con descubrir el funcionamiento de la naturaleza. Su visión de los valores culturales de la ciencia estaba muy alejada de la corriente de laicismo que empezó a soplar a mediados del siglo XIX, sobre todo después de la publicación de «El origen de las especies» de Darwin. Profundamente religioso, pero en ningún momento dogmático o fundamentalista, señalaba que los valores morales y religiosos eran más importantes que los beneficios del progreso material. Asociaba el estudio de la ciencia con el crecimiento como persona, y avisaba del peligro que representaba creer que solo con la ciencia se podía llegar a algún tipo de iluminación intelectual. Para él había límites al conocimiento y rechazaba la arrogancia de creer que podíamos acercarnos todo lo que quisiéramos a la presciencia divina. Sin duda para Maxwell había límites para el conocimiento científico. Irónicamente su trabajo demostró que basta una mente libre de prejuicios para superar unos límites que nosotros mismos nos imponemos.
            Parecen necesarias dos largas vidas para poder concluir una trayectoria tan brillante y exitosa, pero nada más lejos de la realidad. En tan solo 48 años de vida James Clerk Maxwell cambió el mundo para siempre. Nació en Edimburgo, Escocia en 1931; en el seno de una familia de clase alta que le querían y le apoyaban, con gran interés por la ciencia y la tecnología, y murió en 1879 consumido a consecuencia de un devastador cáncer abdominal. 8 años después de su muerte sus teorías fueron finalmente reconocidas y aceptadas por la comunidad, y el nombre de James pasó a formar parte de la historia de la humanidad.


FRASES

"Las ecuaciones de Maxwell han tenido un impacto mayor en la historia de la humanidad que diez presidentes." Carl Sagan

"La completa estructura de la ciencia a veces parece un modelo minucioso de la naturaleza, y otras veces algo que ha crecido de forma natural en el interior de la mente humana." Maxwell

"La importancia de Maxwell en la historia del pensamiento científico es comparable a la de Einstein, quien se inspiró en él, y a la de Newton, cuya influencia él redujo." Ivan Tolstoy

"La teoría de la relatividad se debe en sus orígenes a las ecuaciones de Maxwell del campo electromagnético." Albert Einstein


Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca

miércoles, 20 de julio de 2016

STEPHEN HAWKING, LA TEORÍA DEL TODO.

Cada generación tiene la fortuna de ver nacer a un gran científico. Uno de esos únicos en la historia que hacen avanzar un paso de gigante a la humanidad y que acaban formando parte de esa exclusiva lista de nombres que se remonta a la antigüedad. Nuestros nietos estudiarán sus teorías y sus contribuciones, y verán premios y calles con su nombre. Ese gran científico que nuestra generación ha tenido la suerte de conocer es Stephen William Hawking, una mente tan vasta que ha trascendido totalmente su muy avanzada minusvalía (causada por una esclerosis que afecta a las motoneuronas) que le priva del movimiento de la mayor parte de su cuerpo. Hoy se ve obligado a hablar a través de un ordenador que interpreta sus gestos faciales y a moverse en una silla de ruedas, lo que lo hace totalmente dependiente de los demás. Sin embargo, esto para él jamás fue una causa de desmotivación, aun cuando a la temprana edad de 20 años le dieron nada más que 2 años más de vida. Como él suele decir «por muy difícil que pueda parecer la vida siempre hay algo que podemos hacer y en lo que podemos triunfar».


            Nacido un 8 de enero de 1942 (justo 300 años después de la muerte de Galileo) en la ciudad de Oxford, Stephen se crió en una casa llena de estímulos para su mente. Sus padres formaban parte de la élite cultural de Londres, pero debido a los ataques por parte de Alemania tuvieron que emigrar a un lugar más seguro. La casa de Isobel y Frank Hawking era un hervidero de ideas, donde se debatían temas tan avanzados como el aborto. Los libros inundaban la casa y por suerte para Stephen esto resultó un ambiente perfecto donde su mente se ponía a prueba constantemente. Nunca fue el primero de la clase mientras estudiaba en el colegio, pero como él mismo dice «quiero pensar que se trataba de una clase muy inteligente». Pese a que su padre quería que se matriculase en medicina, no en vano era biólogo investigador, el verdadero interés de Stephen fueron siempre las matemáticas. Por desgracia en la universidad de Oxford no existía la carrera de matemáticas así que acordaron que estudiaría ciencias naturales en la especialidad de física. Stephen Hawking era de esos estudiantes brillantes admirados por su inteligencia, terminó los estudios con matrícula sin apenas esfuerzos, de hecho, fue miembro timonel del club de remo para matar el aburrimiento que le producía la vida del campus. En aquella época estaba muy mal visto esforzarse, tenías que ser inteligente y aprobar con el mínimo esfuerzo. Pero todo cambió cuando llegó a Cambridge para iniciar su doctorado. El diagnóstico de la esclerosis lateral amiotrófica fue devastador así que, con la amenaza de la muerte en cada despertar, decidió aprovechar su don y esforzarse al máximo. Y entonces descubrió que no solo se le daba bien, sino que le encantaba la investigación en física teórica. A partir de ahí los triunfos llegaron uno tras otro, pues no son pocas sus contribuciones a la ciencia, teniendo en cuenta lo avanzado de la física teórica a partir de la segunda mitad del siglo XX, en una época donde la competitividad ya estaba hirviendo a nivel mundial.

            Cabe decir que prácticamente todas sus contribuciones e investigaciones tienen que ver con los agujeros negros, un elemento del universo que, si bien ya se predijo su existencia poco después de las teorías de Newton, a día de hoy sigue existiendo solo a nivel teórico (puesto que su naturaleza impide su observación directa) y como modelos matemáticos. Es decir, un agujero negro es un elemento del universo que solo puede estudiarse por evidencias indirectas, como su efecto sobre el volumen circundante, y sobre el papel. Stephen Hawking ha demostrado ser un privilegiado a la hora de resolver problemas mentalmente, y como los grandes de la historia es capaz de abstraerse incluso en una sala repleta de gente, y sumergirse en sus pensamientos.

            A la temprana edad de 20 años decidió embarcarse en su primer gran reto científico de verdad. Por aquel entonces, en 1962, existían dos teorías cosmológicas, la del universo estacionario, que decía que el universo había existido y existiría para siempre de una forma estática, y el inflacionario, que apostaba por un universo en expansión. Esta última idea era normalmente rechazada en la comunidad científica, pues suponía un universo con un momento de creación, o lo que hoy conocemos como Big Bang, y eso implicaba la existencia de un dios. Stephen Hawking demostró matemáticamente, aplicando la teoría de la relatividad junto a Roger Penrose, que el momento del Big Bang fue una singularidad como la que existe en el centro de los agujeros negros (matemáticamente son lo mismo), un punto de densidad y masa infinitas donde el tiempo se detiene. Esto significa que nuestro universo se creó espontáneamente a partir de la nada, no había un tiempo ni un espacio anterior donde algo pudiera ocurrir. En otras palabras, demostró que la mano de Dios no interviene en las ecuaciones del universo.

            Esto supuso un reconocimiento internacional y su nombre empezó a tenerse en cuenta. Llegaron las becas y por lo tanto más investigaciones. Una noche de noviembre se le ocurrió una idea que solo los verdaderos cosmólogos entenderían, una idea que, si a priori parece rebuscada y obvia, sí que revelaba algunas propiedades fundamentales del universo. El problema tiene que ver con lo que ocurre cuando colisionan dos agujeros negros. La superficie del nuevo horizonte de sucesos solo puede aumentar. Llegados a este punto es necesario describir lo que es un agujero negro con más precisión, puesto que se trata de un concepto más bien abstracto. Un agujero negro no es un objeto sólido como lo podría ser un planeta o una estrella de neutrones, sino más bien una región del espacio limitada por una superficie llamada horizonte de sucesos a partir de la cual absolutamente ninguna información puede escapar, ni siquiera la luz. Así pues, se trataría de una especie de membrana unidireccional, dentro de la cual las partículas se mueven girando alrededor del centro donde se encuentra la singularidad y donde se encuentran condenadas a caer irremediablemente, donde encontrarán el fin de su tiempo. Nada de lo que cae a un agujero negro puede volver a salir, al menos en este universo. Sin darse cuenta Stephen Hawking estaba escribiendo la biblia de los agujeros negros, y obtendría con esto aún más reconocimiento internacional.

            Sin embargo, el gran descubrimiento que le encumbró fue la llamada en su honor radiación de Hawking. Tras un viaje a Moscú, donde conoció y compartió conocimientos con dos científicos llamados Alexander Starobinsky y Yakov Zeldovich, se centró en lo que ocurre en el mismo horizonte de sucesos de un agujero negro. Estos dos científicos le habían puesto sobre la pista de acuerdo con el principio de incertidumbre de Heisenberg y lo que ocurre a nivel cuántico justo en las regiones inmediatas al horizonte de sucesos. Según este principio, en el que no profundizaremos debido a su complejidad, es imposible obtener información precisa de una partícula. Si obtenemos precisión en su velocidad la perdemos proporcionalmente en su posición. Es aplicable también a los campos, con lo cual en regiones vacías (y el universo está lleno de ellas) no puede haber un campo cuyo valor sea 0, pues violaría esta propiedad intrínseca de la naturaleza. La consecuencia de esto es que constantemente se están creando partículas y antipartículas virtuales que se anulan mutuamente casi de inmediato creando valores del campo en el vacío diferentes a 0. Ahora bien, la clave está cuando esto ocurre justo en la frontera de un agujero negro. Hawking descubrió que o bien la partícula o bien la antipartícula podrían caer en el agujero negro mientras que su par saldría despedido en otra dirección, lo cual emitiría una radiación tenue en forma de calor. Para mantener la ley de la conservación de la energía el agujero negro iría poco a poco mermando su tamaño hasta que finalmente se evaporaría completamente. Por desgracia se trata de un proceso tan sumamente lento que nos es imposible observarlo, ¡la temperatura que emiten es solo de unas milésimas por encima del cero absoluto! Harían falta billones de años para que un agujero negro llegara a evaporarse, demasiado incluso para tiempo cósmico.

            Existe en esta teoría lo que sería una primera unificación, aunque a nivel parcial, de las grandes teorías de la historia, algo que se lleva décadas buscando, de hecho, ya Einstein trabajó en ello. Por un lado, tenemos los efectos relativistas ocasionados por un agujero negro en la región de espacio-tiempo próxima al horizonte de sucesos, por otro lado, tenemos la entonces joven física cuántica y también la termodinámica.

            A día de hoy estamos más cerca de una gran teoría del todo y una de las grandes candidatas es la teoría de super cuerdas a la cual Stephen también contribuyó de una forma indirecta, a través de la llamada «paradoja de la pérdida de información de Hawking».

            En 1988 y con grandísimas dificultades, pues fue la época en la que se vio privado del habla, terminó y publicó por fin su afamada obra «Breve historia del tiempo, del big bang a los agujeros negros», que se convirtió en un best seller a nivel mundial contra todo pronóstico, perdurando nada menos que 237 semanas en la lista de los más vendidos. En él se hace un compendio de las teorías científicas que hoy están en vigor, tales como relatividad, modelo estándar atómico o termodinámica, así como un resumen de sus investigaciones en agujeros negros. Es en definitiva un libro que abre la mente y acerca la ciencia al gran público.

            Stephen Hawking sigue hoy muy activo, dando conferencias por todo el mundo y divulgando la ciencia allí donde va. Puede tratarse sin ninguna duda de una de las mentes más abiertas de la ciencia. Es uno de los grandes promotores de los viajes interestelares y asegura que la humanidad tarde o temprano se verá obligada a colonizar otro sistema solar si quiere perdurar en el tiempo. Es posible que lleguemos a ver los primeros pasos de la siguiente fase de la carrera espacial, pero mientras tanto seguiremos soñando a través de la ciencia ficción.


Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca.

Santiago Ramón y Cajal, el sabio que abrió el camino.

Nacido en Petilla de Aragón en 1852, un enclave navarro rodeado por la provincia de Zaragoza, Santiago Ramón y Cajal destacó desde niño como un cerebro privilegiado, no en vano Severo Ochoa se refería a él como «el científico más grande de la historia de España».
La teoría neuronal de Cajal supuso la mayor revolución en el campo de la neurociencia
de todos los tiempos. Esta teoría sigue siendo el marco conceptual utilizado para
interpretar el funcionamiento del sistema nervioso y estamos tan acostumbrados a ella
que nos es sumamente difícil imaginar otra alternativa. Precisamente por esto, es considerado el padre de la neurología moderna.


            Santiago Ramón y Cajal es un científico a la altura de Galileo, Newton o Einstein, y sin embargo su legado resulta desconocido para la gran mayoría. Entre los años 1897 y 1904 publicó, en forma de fascículos, su obra magna «Histología del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados», que le valió para ganar el premio Nobel de medicina en 1906 (siendo el primer español de la comunidad científica en ganarlo) galardón que compartió con el italiano Camilo Golgi (irónicamente no estaba de acuerdo con sus tesis). De él aprendió unos novedosos métodos de tinción, que sumados a sus profundos conocimientos de la química del momento, le hicieron desarrollar un método todavía más depurado. Fue gracias a la fotografía y sus métodos químicos de procesado de imágenes como poco a poco se fueron incrementando sus conocimientos sobre diferentes sustancias que luego aplicaría a sus investigaciones. Como gran apasionado de la fotografía que era, estuvo también siempre a la vanguardia de este campo, tanto que llegó a ser nombrado presidente honorario de la Asociación Fotográfica de Madrid.

            Después de presentar su gran obra, fue conocida a partir de entonces como la «doctrina de la neurona» e introducía conceptos tan novedosos como la individualidad de las neuronas y su estructura, la ley de polarización de dinámica (unidireccionalidad de los axones y dendritas), la sinapsis, los neurotransmisores, la estructura modular y reticular del cerebro (entendido como diferentes grupos de neuronas asociadas a un mismo campo), y los hoy aún novedosos campos como la regeneración y degeneración del sistema nervioso, o la plasticidad del cerebro. Ramón y Cajal defendía que existen partes del cerebro inamovibles y otras totalmente maleables que pueden ejercitarse e incrementar sus capacidades, expandiendo o retrayendo su red dendrítica. Hoy sabemos gracias a la electrofisiología que esto es totalmente cierto.

            Recientemente el prestigioso investigador del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud, Javier García Campayo, presentaba un impactante estudio al respecto de la regeneración del sistema nervioso. En éste se muestra cómo la meditación crea un efecto altamente beneficioso en el ADN, alargando los telómeros. Los telómeros son un grupo de proteínas situadas en los extremos de los cromosomas y que resultan determinantes en el proceso de envejecimiento, retrasándolo, y por lo tanto alargando la vida. Además, ha mostrado claros beneficios en pacientes con enfermedades neurodegenerativas como el alzheimer o la esclerosis múltiple, y también resultados positivos en la regeneración de las células del sistema nervioso. No hay que confundir esto con la multiplicación de las neuronas. Cajal ya postuló que las neuronas son células tan especializadas en la transmisión de impulsos eléctricos que no eran capaces de nutrirse por sí mismas ni de reproducirse, pero durante sus investigaciones al microscopio descubrió que existen unas células que se encargan precisamente de nutrirlas, llamadas glías.

            Así pues, el cerebro es un órgano maleable, cuyas capacidades pueden incrementarse. No podemos aumentar el número de neuronas, pero sí podemos regenerar células dañadas y aumentar el número de dendritas y alargarlas, y por lo tanto crear una red más compleja y estructurada en nuestro propio cerebro, mediante la gimnasia cerebral, tal como ya predijo Cajal o mediante la meditación como revelan los estudios del Dr. Javier García Campayo. Éste último ha publicado hace dos semanas dos artículos que abren una nueva línea de investigación a nivel internacional. El primero de ellos, concluye que la meditación continuada alargaría la esperanza la vida; y el segundo, realizado con el Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Miguel Servet, demuestra que meditar mejora la agudeza visual. En ambos casos, el equipo aragonés ha liderado grupos de investigación con participación de varias universidades españolas y otros investigadores internacionales.

            Tal y como Santiago Ramón y Cajal publicaba en la Revista de Ciencias Médicas en 1894 “...la corteza cerebral semeja un jardín poblado de innumerables árboles, las células piramidales, que gracias a un cultivo inteligente pueden multiplicar sus ramas, hundir más lejos sus raíces y producir flores y frutos cada día más exquisitos”. Probablemente nadie ha definido con un lenguaje tan evocador la plasticidad del sistema nervioso. Hoy en día el concepto de plasticidad sináptica está firmemente establecido y una de las estructuras que está siendo más utilizada para estudiar este fenómeno son las espinas dendríticas, descritas por vez primera por Cajal en 1888.

            Pero no todo fue sencillo para Cajal, fue un niño travieso y rebelde enamorado de la pintura. Vivió su infancia entre continuos cambios de residencia por distintas poblaciones aragonesas, acompañando a su padre, que era médico cirujano. Así, con apenas dos años la familia dejó Petilla de Aragón para mudarse a Larrés, el pueblo del padre, y de allí a Luna (1855), a Valpalmas (1856) y a Ayerbe (1860). Realizó los estudios primarios con los escolapios de Jaca y los de bachillerato en el instituto de Huesca, sin embargo se reveló como un mal estudiante, y su padre decidió ponerlo a trabajar de zapatero. Pronto ganó prestigio como fabricante y reparador de zapatos, pues su cerebro privilegiado siempre le hizo desentrañar los secretos de todo aquello que emprendía. Finalmente acabó cediendo a los deseos de su padre y cursó medicina en la universidad de Zaragoza entre 1870 y 1873. Aquí encontró una salida a su frustrada vocación infantil por las artes plásticas, donde documentó todas sus observaciones con detallados y precisos dibujos hechos por él mismo. Se doctoró en 1875, ganó la cátedra de anatomía descriptiva de la universidad de Valencia en 1882 y se trasladó a Barcelona para ocupar la cátedra de Histología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona en 1887. En 1892 ocupó la cátedra de Histología e Histoquímica Normal y Anatomía Patológica de la Universidad Central de Madrid. Logró que el gobierno creara en 1901 un moderno Laboratorio de Investigaciones Biológicas, en el que trabajó hasta 1922, año de su jubilación. A partir de entonces trabajaría en el Instituto Cajal hasta el mismo día de su muerte en 1934. También fue nombrado doctor honoris causa por las universidades de Clark, Boston, La Sorbona, y Cambridge.

            Y no solo son destacables sus logros académicos sino también aquellos que sirvieron para crear una sólida comunidad científica o mejorar en lo posible su sociedad y su nación. Fue siempre un hombre íntegro, honrado y de sólidos principios. En 1877 se encuentra documentado su ingreso en la logia masónica Caballeros de la Noche con el número de miembro 96. En el año 1932 se fundó el Instituto Cajal, que presidió también hasta su muerte. Se convirtió en miembro de la Institución Libre de Enseñanza, a partir de la cual surgiría la JAE. La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) fue una institución creada en 1907 para promover la investigación y la educación científica en España. Se estaba así gestando una vanguardista comunidad científica apoyada por personalidades de la talla de Joaquín Costa, Leopoldo Alas (Clarín), José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Ramón Menéndez Pidal, Antonio Machado, Joaquín Sorolla, Augusto González de Linares, Santiago Ramón y Cajal o Federico Rubio, entre otras personalidades comprometidas en la renovación educativa, cultural y social de este país.

            Tras la victoria del general Francisco Franco en 1939 todo esto no sólo quedó en el olvido, sino que se inició un proceso de destrucción y transformación de todo este movimiento, considerado ateo y contrario a la ideología de la dictadura franquista, que abogaba por una «recristianización». La Junta para la Ampliación de Estudios fue desmantelada y transformada en lo que hoy es el CSIC, para intentar “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias destruida en el siglo XVIII”, según su ley fundacional. El Instituto Cajal, pese a no ser cerrado, sí pasó a formar parte de esta última institución (y así sigue siendo a día de hoy). Sí se vino abajo sin embargo el Instituto Libre de Enseñanza (aunque se recuperaría en parte en 1978), y con él el asesinato, expulsión o exilio de cientos de catedráticos, científicos y estandartes de la cultura y la vanguardia social.

            Quedaban así truncados los sueños de toda una generación que repentinamente vio sesgada su libertad para aprender, enseñar y divulgar; una generación que siguió la estela que Santiago Ramon y Cajal había iniciado. No solo podemos considerarlo el padre de la neurología moderna, sino que también lo fue de la comunidad científica de este país. A día de hoy afortunadamente su legado continúa y España vuelve a ser un país con un gran reconocimiento en lo referente a medicina en la comunidad internacional. Y esperemos que así siga siendo.

            Recientemente se han iniciado los trámites para el traslado a Huesca desde Madrid de una gran cantidad de material y documentación de don Santiago Ramón y Cajal, que serán expuestas en el Archivo Histórico Provincial una vez éstos hayan finalizado. A día de hoy la fecha para su traslado está todavía sin determinar así que todavía tendremos que esperar para poder disfrutar de su legado.


Rubén Blasco – Agrupación Astronómica de Huesca.

lunes, 20 de junio de 2016

Solsticio. Comienza el verano.

Este martes 21 de junio de 2016, a las cero horas y treinta cuatro minutos de la noche, comienza el verano. Es el solsticio.

Foto: Jacinto Alduán

En este breve texto, preparado por la Agrupación Astronómica de Huesca, se explican de forma sencilla las características principales de un hito astronómico tan importante.

Descubriremos las razones de que, siendo el solsticio de verano el 21 de junio, su celebración tradicional se produzca tres días después, en la noche de San Juan.

Veremos también los rasgos más destacados del solsticio de verano en Huesca: el sol sale y se pone más al norte que nunca, alcanza a mediodía su altura máxima anual y son los días más largos y las noches más cortas del año.

Y hablaremos del hecho curioso de que el comienzo del verano, con sus fuertes calores, coincida con el momento en que la Tierra se encuentra más lejos del Sol.


1.  El verano empieza el martes 21 de junio

El verano dará comienzo, según el horario vigente en España, el martes 21 de junio a las 0 horas y 34 minutos de la noche. En estos días el Sol, observado desde la Tierra, está saliendo de la constelación zodiacal de Tauro y entrando en la de Géminis.

Dado que la Tierra no completa su órbita anual en torno al Sol en un número entero de días, sino que tarda 365 días y 6 horas, el verano comienza cada año, por lo general, unas 6 horas más tarde que el año anterior (pero este 2016, por ser bisiesto, constituye una excepción).

En 2013 el verano empezó el 21 de junio a las 7 horas y 4 minutos de la mañana; en 2014 lo hizo el 21 de junio a las 12 horas y 51 minutos del mediodía; y en 2015 se inició el 21 de junio a las 6 horas y 38 minutos de la tarde.

En los años bisiestos, sin embargo, al añadirse un día en febrero ese “avance” de 6 horas en el comienzo de cada verano queda interrumpido, y la estación empieza 18 horas antes que el año anterior. De esta forma, si en 2015 el verano dio inicio el 21 de junio a las 6 horas y 38 minutos de la tarde, en 2016, que es bisiesto, lo hace 18 horas antes, el 21 de junio a las 0 horas y 34 minutos de la noche. El año próximo, el 2017, ese “avance” anual de 6 horas se reanudará y la estación estival se iniciará el 21 de junio a las 6 horas y 24 minutos de la mañana.

2.  ¿Y entonces por qué San Juan es el 24?

El cristianismo convirtió en fiestas de gran importancia el comienzo del verano y del invierno. El solsticio de verano se festeja en la noche de San Juan y el solsticio de invierno, que tiene lugar hacia el 22 de diciembre, en Nochebuena y Navidad. Ambas fiestas se celebran con tradiciones de gran antigüedad. El comienzo del verano, en concreto, tiene en el fuego y las hogueras uno de sus elementos característicos.

¿Cuál es la razón de que el comienzo de las estaciones y las festividades cristianas no coincidan, hallándose separados unos tres días? ¿Por qué motivo el verano da inicio el 21 de junio y la noche de San Juan Bautista es la del 23 al 24?

La causa se halla en los 11 minutos de diferencia que se acumulaban anualmente entre el ciclo de las estaciones y el año del calendario, hasta que dicha desviación quedó corregida con la reforma del calendario llevada a cabo por el papa Gregorio XIII en 1582.

Nuestro año solar con bisiestos fue creado por Julio César, en el año 46 antes de Cristo. Con la reforma de César, el comienzo del verano y del invierno se producía en torno al 24 de junio y el 25 de diciembre, tal y como se sigue celebrando hoy en San Juan y la Navidad.

Esos 11 minutos anuales a que nos hemos referido comenzaron sin embargo a actuar. Y cuando se reunió el concilio de Nicea, en el año 325 después de Cristo (el cristianismo estaba próximo a convertirse en la religión oficial del imperio romano), el comienzo del verano y del invierno tenían lugar ya el 21 de junio y el 22 de diciembre. En dicho concilio se decidió que tales fechas serían, en adelante, las de inicio oficial de las estaciones, pese a que su celebración, y así ha ocurrido hasta nuestro tiempo, se hace tres días después.

Foto: Jacinto Alduán

3.  El Sol sale y se pone más al norte que en el resto del año

Todos sabemos que el Sol sale por el este y se pone por el oeste. Sin embargo, en Huesca (y en toda España) el Sol solo sale y se pone exactamente en los puntos del horizonte que marcan el este y el oeste dos días al año, los de los equinoccios, al comienzo de la primavera y el otoño.

Durante la primavera y el verano el Sol sale entre el este y el norte (es decir, por el noreste) y se pone entre el oeste y el norte (por el noroeste); en otoño e invierno, por el contrario, el Sol sale por el sureste y se pone por el suroeste.

El solsticio de verano, este 21 de junio, se caracteriza por ser el día del año en que el Sol sale más al noreste y se pone más al noroeste. Y ello determina las otras dos características del solsticio de verano: la altura máxima anual que el Sol alcanza a mediodía y la duración, también máxima, de las horas de luz.

4.  El Sol alcanza mayor altura a mediodía que en el resto del año

Cada día el Sol llega a su mayor altura sobre el horizonte a mediodía. Y en ese momento se encuentra exactamente al sur (es decir, está encima del punto del horizonte que señala el sur geográfico). En estas fechas de junio, en que está vigente el horario de verano y hay dos horas de diferencia con la hora solar, el mediodía ocurre a las dos de la tarde.

La altura del Sol a mediodía varía a lo largo del año, alcanzando su altura máxima en el solsticio de verano y la mínima en el de invierno, hacia el 22 de diciembre.

¿Cómo de alto está el Sol en junio, al mediodía? Mucho. La mayor altura que un objeto celeste puede alcanzar sobre el horizonte se llama cenit, y es el punto situado encima de nuestra cabeza. El cenit está a 90 grados de altura sobre el horizonte sur. Pues bien, el Sol llega a mediodía en Huesca en el solsticio de verano a 71 o 72 grados de altura sobre el horizonte sur (su altura mínima al mediodía, al comienzo del invierno, es solo de unos 25 grados). Fijémonos en las próximas jornadas en la gran altura, la mayor de todo el año, que el Sol alcanza a las dos de la tarde.

5.  El día es más largo y la noche más corta que en el resto del año

Este 21 de junio, el Sol saldrá en Huesca a las 6 horas y 26 minutos de la mañana y se pondrá a las 21 horas y 41 minutos. El día durará por tanto 15 horas y 15 minutos y la noche 8 horas y 45 minutos. Estas jornadas, antes y después del solsticio de verano, son los días más largos y las noches más cortas que podemos vivir en tierras oscenses.

Hay un hecho importante. La duración máxima del día, al comienzo del verano, depende de la latitud del lugar en el que uno se encuentre. Más al norte que Huesca, el día es más largo que aquí. Y más al sur el día es más corto que en nuestra ciudad. Pondremos algunos ejemplos. En Huesca, como acabamos de señalar, el día dura el 21 de junio 15 horas y 15 minutos. En Zaragoza, que se encuentra algo más al sur, su duración es 3 minutos menor, de 15 horas y 12 minutos. En Madrid el día tiene 12 minutos menos que aquí (15 horas y 3 minutos). Y tal efecto se acentúa cuanto más viajamos hacia el sur: el día en el solsticio de verano en Sevilla es de 14 horas y 44 minutos y en Rabat de 14 horas y 25 minutos.

Por el contrario, al norte de Huesca el día en el verano es más largo y la noche más corta que en nuestra tierra. El 21 de junio, la duración del día en París es de 16 horas y 10 minutos, en Londres de 16 horas y 38 minutos, y en Estocolmo de 18 horas y 37 minutos (3 horas y 22 minutos más que en Huesca).

6.  El solsticio de verano en el Trópico de Cáncer y el Círculo Polar Ártico

En los mapas y atlas que estudiábamos en la escuela o consultamos en internet figuran, entre el Ecuador y el Polo Norte, dos líneas paralelas al Ecuador: el Trópico de Cáncer y el Círculo Polar Ártico.

El Trópico de Cáncer pasa por México, el antiguo Sáhara español, el sur de Argelia, Libia y Egipto, Arabia Saudí, la India y el sur de China. Y el Círculo Polar Ártico por el norte de Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia, por Alaska, el norte de Canadá y Groenlandia.

El Trópico y el Círculo Polar tienen mucho que ver con el solsticio de verano. Si en Huesca el Sol alcanza este día su altura máxima, de unos 71 grados, en los lugares situados a lo largo del Trópico de Cáncer el Sol se encuentra a mediodía justo en el cenit, directamente sobre la cabeza del observador; es decir, a 90 grados de altura sobre el horizonte.

Y si en el solsticio de verano en Huesca el Sol sale y se pone más al norte que en el resto del año y el día dura 15 horas y 15 minutos, en los lugares que se encuentran a lo largo del Círculo Polar, el Sol no sale ni se pone (a medianoche el Sol roza el punto del horizonte que marca el norte) y el día dura 24 horas, por lo que no hay noche.

7.  El calor llega cuando más lejos estamos del Sol

La órbita de la Tierra en torno al Sol no es circular sino elíptica. El Sol, además, no se encuentra en el centro de dicha órbita, sino en uno de sus focos, a 2 millones y medio de kilómetros del centro. Todo ello hace que, a lo largo del año, nos encontremos más cerca o más lejos de nuestra estrella.

La distancia mínima al Sol, de 147 millones de kilómetros, se alcanza a comienzos de enero y la máxima, de 152 millones de kilómetros, se produce el 4 de julio, día de la fiesta nacional de Estados Unidos.

¿Cómo es posible que a principios de julio, cuando acaba de iniciarse el verano y más calor hace, sea el momento en que más alejados estamos del Sol? Ello se debe a que las estaciones no dependen de la mayor o menor cercanía de la Tierra al Sol, sino que se producen por la inclinación del eje de rotación terrestre (dicho eje no es perpendicular a nuestra órbita alrededor del Sol, en cuyo caso no habría estaciones; está inclinado 23 grados y medio).

Si hace calor en verano es porque, a causa de esa inclinación del eje de rotación, en estos meses en Huesca el Sol está más alto a mediodía y el día dura más horas que en el resto del año. Hay por tanto más horas de insolación y además los rayos solares, al encontrarse el Sol más alto, caen más perpendiculares, por lo que cada área de superficie recibe mayor cantidad de radiación solar que en invierno.

La fortuna o la casualidad han querido que nuestras estaciones sean más suaves que las de los países del sur. Como es sabido, cuando comienza el verano en Huesca y en el hemisferio norte, en Argentina, Chile, Sudáfrica o Australia está iniciándose el invierno.

Nosotros, en el norte, empezamos el verano cuando más lejos estamos del Sol e iniciamos el invierno cuando más cerca nos encontramos de nuestra estrella. Por el contrario, en el hemisferio sur el verano coincide con el mayor acercamiento al Sol y el invierno con la mayor lejanía.


Sus estaciones, por esa causa, son más extremas que las nuestras. De todas formas, esta desigual situación se invertirá a favor del hemisferio sur dentro de 13.000 años, en virtud de la precesión de los equinoccios (un ciclo terrestre de larga duración).

jueves, 5 de mayo de 2016

Observación del tránsito de Mercurio. Organiza Agrupación Astronómica de Huesca

Mercurio cruzará el disco solar el próximo día 09/05/2016

Con motivo de esta efemeride astronómica, la Agrupación Astronómica de Huesca organiza actividades para observar el tránsito con telescopios equipados con filtros solares en distintas localidades de la provincia:
  • Huesca: En Espacio 0.42 se realizará una sesión especial dedicada al tránsito a las 16:30h. Consistirá en la observación del tránsito desde los telescopios del observatorio del centro, pase de la película “Planetas” y simulador 4D. La actividad tendrá una duración de hora y media aproximadamente y un coste de 5€. Reserva de plazas llamando al 974 234 593 o por correo electrónico a info@espacio042.com

  • Sabiñánigo: Plaza Santa Ana a partir de las 16:30h.

  • Sariñena: Observatorio de la Laguna de Sariñena a partir de las 19:30h.

  • Barbastro: Aula Magna de la UNED Barbastro de 15:30 a 17:00 h.A las 17:00h. en la Sala Sender de la UNED de Barbastro tendrá lugar la Presentación del Grupo Astronómico de Barbastro, asociación sin ánimo de lucro, perteneciente a la Agrupación Astronómica de Huesca.
Tenemos que recordar que es muy peligroso mirar al Sol a simple vista o con cualquier aparato óptico. Una observación segura solo se hará con los aparatos y medios adecuados y a ser posible, bajo la supervisión de algún especialista.

El tránsito de Mercurio es el paso de este planeta por delante del Sol, visto desde la Tierra.

El próximo lunes 9 de mayo, Mercurio cruzará el disco solar y será visible en toda España. Se podrá contemplar el paso del planeta por delante del disco solar con telescopios equipados con filtros solares.

La inmersión del planeta en el disco solar será a las 11h 12m UT (13h 12m Hora Local) y el Sol se encontrará ya a 64°; el momento central del tránsito será a las 14h 57m UT (16h 57m Hora Local) y la emersión del planeta del disco solar será ya a las 18h 42m UT (20h 42m Hora local) con el Sol a una altura sobre el horizonte de 6°.

Este tránsito no es observable a simple vista. El tamaño aparente del planeta cuando cruza el disco solar será de tan solo 12 segundos.


Tránsito de Mercurio del día 9 de mayo de 2016.

Fuente: Anuario del Observatorio Astronómico de Madrid de 2016 / Instituto geográfico Nacional

Será visible en su totalidad en toda España. Será visible en su totalidad en el este de América, oeste de Europa y el extremo más occidental de África.

Al inicio será visible desde el este de Asia, Europa y África y al final será visible desde el oeste de América y el Océano Pacífico. La duración total del fenómeno será de 7 horas y media.

Las efemérides de un tránsito suelen darse como los instantes en los que se producen los contactos entre el disco del planeta y el del Sol. Hay 4 contactos, 2 exteriores y 2 interiores, que podemos ver en el siguiente video.

En Madrid el contacto exterior de la inmersión será a las 11:12 o sea las 13:12 de la hora oficial, con una altura aproximada del sol de 64°; el instante de máximo acercamiento se producirá a las 14:57, 16:57 hora oficial con una altura del sol de 48 grados. El contacto exterior de la emersión será a las 18:42, 20:42 de hora oficial con una altura aproximada del sol de 6° sobre el horizonte.

Los contactos exteriores son más difíciles de observar, especialmente el primero para el cual se carece de referencia, además del efecto cegador de la luz del Sol. Los contactos interiores están mejor definidos pero aún así la precisión en su observación no alcanza la típica en ocultaciones de estrellas por la Luna, fenómeno que se puede calificar de instantáneo a efectos prácticos.

Los instantes que se indican a continuación se refieren al centro de la Tierra. Las efemérides topocéntricas (en algún lugar de la superficie de la Tierra) diferirán en segundos o incluso en algún minuto respecto de tales valores.

Características geocéntricas TU:

Inmersión

  • Contacto exterior:           11:12 TU             
  • Contacto interior:            11:15 TU

Mínima distancia
  • Instante medio:               14:57 TU


Emersión
  • Contacto interior:            18:39 TU
  • Contacto exterior:           18:42 TU

Duración total del fenómeno:   7h 30m

El siguiente tránsito de Mercurio se producirá el 11 de noviembre de 2019

Condiciones para los tránsitos.

La rareza de estos fenómenos viene dada por la ligera inclinación que tiene la órbita de cada uno de los planetas con respecto de la de los demás, suficiente para que en la mayoría de ocasiones el planeta no pase por delante del disco solar.

En el caso particular de un observador en la tierra una dificultad añadida proviene de la gran inclinación de las órbitas de Mercurio y Venus, las mayores entre los planetas del sistema solar. La inclinación es de 7 grados en el caso de mercurio y de 3,4 grados en el caso de Venus. En este último caso, la mayor distancia media del planeta al sol produce una mayor amplitud en sus cruces con el sol (conjunciones inferiores), siendo de 17,5 grados en el caso de Venus y de 8,8 para mercurio en promedio.

Para que se produzca un tránsito debe ocurrir que la conjunción inferior del planeta interior (es decir, cuando dicho planeta pasa entre la Tierra y el Sol) ocurra cuando se encuentra en uno de sus nodos orbitales, aquellos puntos de su órbita en que cruza el plano de la órbita de la Tierra.

Conviene recordar que el Sol tiene solo medio grado de diámetro. El número de conjunciones inferiores por siglo de estos planetas es de 315 en el caso de mercurio y de 62 o 63 para Venus. Con solo considerar estos dos factores, amplitud del movimiento en latitud eclíptica y conjunciones inferiores, deducimos que la posibilidad de tránsito de Mercurio es 10 veces mayor que para Venus.

Tránsitos.

Se denomina tránsito al paso aparente de un planeta por delante de la superficie del Sol. Desde un planeta dado sólo se pueden ver los tránsitos de los planetas más interiores a él en el Sistema Solar. Los observadores terrestres podemos ver los tránsitos de mercurio, a razón de 13 por siglo, y de Venus, a razón de 13 por milenio.

Las primeras predicciones de tránsitos planetarios son debidas a Johannes Kepler (1571-1630) en 1629. La primera observación telescópica de un tránsito de la que se tiene noticia es la del paso de mercurio el 7 de noviembre de 1631, observado por Pierre Gassendi (1592- 1655) y otros astrónomos europeos.

Sirvió para obtener una mejor estimación del tamaño angular de mercurio. El tránsito de Venus del 7 de diciembre del mismo año no fue observado al no ser visible desde Europa Occidental. El primer paso de Venus observado es el del 4 de diciembre de 1639, por Jeremiah Horrocks (1618-1641), quien había predicho su visibilidad poco antes. Pudo obtener una mejor estimación del tamaño angular de Venus, que no fue publicada hasta décadas después por Johannes Hevelius (1611-1687).
Años después Edmond  Halley (1656-1742), a raíz de su observación del tránsito de Mercurio del 7 de noviembre de 1677, propuso una campaña para determinar la distancia al Sol (la Unidad Astronómica, UA)  mediante la observación simultánea de tránsitos desde lugares distantes, según el método sugerido por James Gregory (1638-1675) años antes, procedimiento que sería refinado posteriormente por Joseph Nicolás Delisle (1688-1768). Centenares de observaciones de los tránsitos de Venus de 1761 y 1769 sirvieron a Jerome Lalande (1732-1807) para acotar el valor de la UA entre 152 y 154 millones de kilómetros.